El nuevo vino del viejo mundo. 

En el llamado viejo continente, hay un lugar sin descubrir.

Un rincón arropado por la bruma del Atlántico que lo cubre de misterio y donde la magia ocurre todos los días.

Hay unos cuantos secretos, que solo se revelan para aquellos que lo visitan.

Un destino de peregrinos donde el tiempo no existe, o al menos, se detiene.

En Galicia, el agua, la tierra y el viento son sagrados, juntos se encargan de darle forma a la vida. Aquí los alquimistas, magos y hechiceros son los bodegueros que embotellan su pasión.

En Galicia hay más de 400 tipos diferentes de vinos y conviven una decena de variedades autóctonas, unidas por un mismo nombre, vino de Galicia.

En Galicia el vino se cultiva en el cielo, bajo tierra y colgando de acantilados.

Tenemos también el vino del mar, de la montaña y del valle. Se cuida con las manos y se da forma con los pies.

En Galicia el vino se baila y se celebra como ritos paganos en forma de vendimias.

El vino de Galicia recorre largos caminos hasta imperios lejanos desde que los romanos encontraron en estas tierras algo más que oro, las uvas se trasladan en cestos a la espalda hasta las bodegas, o se lleva por ríos a través de la Ribeira Sacra donde no hay senderos.

En Galicia los labriegos beben el vino que conquistaba a reyes y nobles.

En Galicia el vino se acaricia y se mima en cada gota, tiene muchos aromas y matices, pero solo un nombre, vino de Galicia.

Se cultivan uvas de nombres mágicos extraños, Albariño, Treixadura, Godello, Mencia, Merenzao, Souson, Brancellao… todos tienen un mismo nombre Vino de Galicia.

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